“La Iglesia no es una organización social ni el católico puede hacer depender su fe de un a priori ideológico o de una opción política”, advirtió.

No defraudó el cardenal alemán en su crítica a la “autosecularización” de la Iglesia actual, y señaló con el dedo al Concilio como causante de todos los males. “El Concilio Vaticano II fue la chispa para la ruptura de la Iglesia”, subrayó, incidiendo que “la Iglesia no es un programa para establecer una sociedad liberal capitalista o social-comunista, ni para crear un nuevo orden mundial en 2030”.
“La Iglesia no puede ofrecer una supraestructura religiosa sin contenido a los estados pluralistas”, apuntó, en una nada velada crítica a la encíclica Fratelli Tutti de Francisco, que aboga precisamente por participar con un mundo plural, en el que la Iglesia no tiene la única –ni la última– palabra.
“Los temas centrales de la Iglesia no deberían ser el cambio climático, la protección del medio ambiente, la política migratoria, los puestos de poder para los laicos, sino el Evangelio de Jesús”, apuntó Müller, quien terminó su alocución con una chanza a Bergoglio. “Pese a todo, cuando el Papa Francisco tiene razón, tiene razón”, lo que desató una carcajada entre el público asistente.
En sus palabras, el purpurado comparó el “posthumanismo” con atrocidades como las sucedidas en Auschwitz o los gulag, basadas todas, según Müller, en “el olvido de Cristo” y el “individualismo” del hombre que se siente “mayor que Dios”. Müller subrayó que el Vaticano tiene que “defender la fe frente a las herejías”, por eso “no depende de si uno se llama amigo o enemigo del Papa, son categorías no cristianas. Nosotros creemos, con la fe, que el Primado de Pedro es dado al Obispo de Roma”, se defendió el purpurado, quien reivindicó la Dominus Iesus (documento de Doctrina de la Fe considerado un varapalo al trabajo ecuménico llevado a cabo desde el Vaticano II). “Es la Iglesia católica, indivisible, la única (…). No hay un pluralismo dogmático, esta tesis es anticatólica”, subrayó.
“Estas iglesias secularizadas, ellos se llaman modernos pero son secularizadas, se han transformado en salas de concierto, discotecas, museos… Es el símbolo de que uno ha renunciado a la Iglesia, cuando deja que la estructura se deteriore (…), y se convierte la catequesis en programas de adoctrinamiento con la locura de la ideología de género”, culminó. “No somos una democracia”, zanjó.
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